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Viveros en Chile: al alza y con desafíos

 

La reputación de Chile en materia de seriedad institucional y comercial, el respeto a los derechos de propiedad intelectual y sobre todo la diversificación de la producción frutícola dada nuestra diversidad climática han hecho de la producción en viveros una industria cada vez más relevante en el sector agrícola nacional.

Hoy muchos creadores de nuevas variedades de fruta confían en los ciceros chilenos para abastecer a América Latina.

Margarita Torres, de la Asociación de Viveros comentó a El Mercurio que “nos ayuda que en los países importadores Chile tiene un prestigio por su sanidad. En eso ha sido vital el aporte del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), pues su sello de aprobación es respetado a nivel mundial.”

la exportación de plantas tiene uno de los mayores valores agregados del agro, pues demanda desde productos para la logística hasta laboratorios de alta tecnología para realizar la reproducción del material genético original y el estudio de su sanidad, sin olvidar que las plantaciones resultantes usualmente están acompañadas del pago a asesores chilenos.

Marcela Aravena, de ProChile, asegura al mismo diario que “el potencial que tiene Chile para la exportación de plantas y plantines es enorme. Tenemos un patrimonio fitosanitario importante, reconocido por el resto del mundo, pero, además, este sector ha sido el soporte para el crecimiento de la industria frutícola nacional.”

Para llegar hasta este feliz punto el sector debió pasar por un largo proceso de perfeccionamiento, puesto que la industria de viveros requiere de excelente tecnologá y logística, además los países receptores suelen ser quisquillosos respecto de la llegada de variedades nuevas, por lo que el prestigio tanto de nuestro país como de nuestros viveros debe preceder.

El proceso de embalaje y tranporte también ha debido ser profesionalizado al máximo para que nuestra fruta cumpla con las más óptimas condiciones de llegada a los países que la importan. Plantae, por ejemplo, es una empresa que fue formada por tres exportadoras para ofrecer servicios de logística de exportación.

Marcela Briones, de Viveros Hijuelas, constató a El Mercurio que algunos desafíos para la industria son “a nivel institucional, (debemos) ser más eficientes en los plazos. Tanto para abrir mercados con los análisis de riesgo de plagas, como en el proceso mismo para certificar las plantas. Al ser un material de propagación, para ser exportado sigue un camino distinto al de la fruta. Ese proceso es lento. Entre que se inscribe la exportación, se pagan los análisis de laboratorio, se muestrean las plantas, se entregan los resultados, se hacen los tratamientos químicos de preembarque, toma fácil un mes. Aunque en realidad, en promedio son dos meses.”

Un paro de funcionarios del SAG, del Servicio Nacional de Aduanas o de trabajadores portuarios puede frustrar todo ese trabajo y obligar a partir de cero nuevamente.

Y no solo los retos que plantea el exportar plantas van por lo compleja que resulta esta tarea al tratarse de plantas vivas, que son muy perecibles. También es doblemente trabajoso obtener los requisitos de importación por especie de cada país. Este es un proceso que puede demorar entre 2 y 10 años, por el análisis de riesgo de plagas que se tiene que realizar.